Opinión
OPINIÓN

"Covid-19: Me duele el dolor de mi pueblo"

Por Juan Francisco Tomás

 La pandemia está haciendo estragos. En Río Gallegos, el virus se extiende por transmisión comunitaria. Los políticos discuten y discuten, muchas veces sin sentido y enceguecidos por "yoísmo" o color partidario. Mucha gente no se cuida, no saben si son positivos o no... y circulan y circulan. Los profesionales de la salud están sobrepasados y dando todo. El control en las calles no existe. Los choferes de ambulancias que llevan difuntos por Covid lloran junto a los deudos. La cuarentena eterna está haciendo estragos transformando la enfermedad biológica en enfermedades psíquicas y espirituales. La gente reza en su casa, pero no puede acceder al derecho fundamental del cultivo comunitario de su espiritualidad en los templos cualquiera sea su credo. El 107 no funciona adecuadamente. Los hisopados, en muchos casos, no se hacen o se hacen tarde... El Covid viene acompañado de hambre, desempleo, no atención de enfermedades de base... y al sistema escolar sólo puede acceder quien tiene una computadora.

Y entre tanto... LA GENTE SE SIGUE MURIENDO. Algunos, ya más de 100 en Río Gallegos, mueren por Covid; muchos otros mueren porque no son atendidos a tiempo en sus enfermedades de base porque el sistema está saturado.
Casi a diario voy al Cementerio. Si bien toda muerte causa dolor, las muertes por Covid causan un dolor profundísimo. No poder acompañar al enfermo en su proceso; no poder despedirse como se quisiera; no tener derecho al último adiós... Llegar al portón que lleva directo al crematorio, quedarse en la calle ante una ambulancia cerrada y despedirse sin haberse mirado a los ojos o estrechado un abrazo... Todo resulta tremendamente doloroso y uno no puede no llorar con su pueblo, aunque en muchos casos no conozca al fallecido o a sus familiares.
Y ahí estamos... Firmes al pie del cañón. Visitando casa por casa atendiendo desde Cáritas necesidades básicas que no atiende el Estado, acompañando jóvenes en situación de riesgo social, económico y/o familiar que encontraron en el cura y algunos jóvenes adultos de la parroquia un hogar, un amigo, un hombro donde llorar, una búsqueda laboral, un plato de comida o una cama donde poder descansar protegiéndose del frío... Y los que no saben, hablan sin saber y sin comprometerse... a veces muy llenas sus bocas de Dios pero a menudo sus corazones vacíos del Dios en quien dicen creer.
Y en medio de todo esto nos podemos preguntar: ¿DÓNDE ESTÁ DIOS?
Son los mismos sentimientos de Jesús en la Cruz: "¡Dios mío, Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?" (Mt. 27, 46) ¿Y dónde estaba Dios? Precisamente allí, en la Cruz, acompañando y fortaleciendo a su Hijo en la Cruz para que no baje los brazos y llegue a la vida del Resucitado.
Con toda libertad podemos gritar como Jesús: "¡Dios mío! ¡Dios mío! ¿Por qué me has abandonado?". Sentimientos de dolor, angustia, bronca, decepción, miedo... Y Dios no se va a enojar. Pero ¿dónde se esconde?
Y sí... Dios se esconde en el corazón de cada hombre y mujer que sufre. Allí está Dios, fortaleciéndonos para no bajar los brazos, para tener esperanza, para seguir sembrando lazos, para saber que no estamos solos aunque el dolor de la enfermedad y la muerte nos abruma. Allí está Él. Por eso, el cristiano nunca se resigna; sufre, sí, como todos, pero tiene esperanza.
Entre tanto aquí estamos, sufriendo con el pueblo que sufre, sin entender mucho ni por qué, acompañando como se puede y recibiendo la vida como viene. El dolor es profundo, pero los lazos que crea el mismo dolor dan aliento de vida y fortalece el espíritu...


Más de Opinión
CORREO AL DIRECTOR MEDIÁTICA DIGITAL

Reclamo de Profesionales Municipales

Reclamo de Profesionales Municipales
18 Abr 2017 Profesionales autoconvocados de la Municipalidad de Río Gallegos dan a conocer su situación económica laboral.