Grasso y la política del "huevazo": cuando la violencia se convierte en una herramienta políticaLo ocurrido durante el Foro Libertario en Río Gallegos vuelve a poner sobre la mesa una forma de hacer política basada en el escrache, la agresión y la descalificación del adversario. Arrojar huevos contra una actividad política no fortalece la democracia: busca intimidar y generar un clima de confrontación.
Las imágenes recuerdan otros episodios protagonizados por la secretaria de Gobierno del Municipio de Río Gallegos, Sara Delgado, quien en diferentes oportunidades participó de manifestaciones frente a la Cámara de Diputados arrojando huevos contra el edificio legislativo. Gestos que, para muchos, reflejan una lógica donde el enfrentamiento ocupa el lugar del debate.
Al mismo tiempo, desde distintos sectores cuestionan que el espacio político que conduce Pablo Grasso aparezca de manera sistemática en los conflictos que atraviesa la provincia. Reclamos salariales, protestas gremiales y movilizaciones terminan adquiriendo un fuerte contenido político, con el objetivo -según sus críticos- de desgastar al Gobierno Provincial y profundizar el clima de conflictividad.
En ese esquema también apuntan al rol del SOEM, cuya participación en numerosas movilizaciones es interpretada por esos sectores como un respaldo político a la estrategia de confrontación del grassismo, una caracterización que el gremio podría rechazar.
Cuando la política abandona las ideas para recurrir al escrache, la agresión y la tensión permanente, deja de buscar soluciones y empieza a apostar al conflicto como estrategia. Santa Cruz necesita dirigentes capaces de debatir y construir, no de alimentar la confrontación como forma de hacer política.
Las imágenes recuerdan otros episodios protagonizados por la secretaria de Gobierno del Municipio de Río Gallegos, Sara Delgado, quien en diferentes oportunidades participó de manifestaciones frente a la Cámara de Diputados arrojando huevos contra el edificio legislativo. Gestos que, para muchos, reflejan una lógica donde el enfrentamiento ocupa el lugar del debate.
Al mismo tiempo, desde distintos sectores cuestionan que el espacio político que conduce Pablo Grasso aparezca de manera sistemática en los conflictos que atraviesa la provincia. Reclamos salariales, protestas gremiales y movilizaciones terminan adquiriendo un fuerte contenido político, con el objetivo -según sus críticos- de desgastar al Gobierno Provincial y profundizar el clima de conflictividad.
En ese esquema también apuntan al rol del SOEM, cuya participación en numerosas movilizaciones es interpretada por esos sectores como un respaldo político a la estrategia de confrontación del grassismo, una caracterización que el gremio podría rechazar.
Cuando la política abandona las ideas para recurrir al escrache, la agresión y la tensión permanente, deja de buscar soluciones y empieza a apostar al conflicto como estrategia. Santa Cruz necesita dirigentes capaces de debatir y construir, no de alimentar la confrontación como forma de hacer política.



