Un chofer, una promesa y la felicidad de un niñoUn accidente fortuito, una promesa cumplida y un gesto de humanidad que dejó una huella imborrable en el corazón de un niño y de toda su familia. Porque a veces, los verdaderos héroes no usan capa: cumplen su palabra y enseñan valores con acciones simples.
Un simple acto de humanidad se convirtió en una lección imborrable para un niño y en un ejemplo de servicio público que merece ser destacado. Días atrás, en la intersección de Ramón y Cajal y Prefectura, un chofer de la línea "B" de transporte público protagonizó un gesto que conmovió a vecinos de la zona.
Mientras un niño jugaba, su pelota se escapó hacia la calle y fue alcanzada por el colectivo, lo que provocó que el balón se pinchara. El hecho fue completamente fortuito, pero la reacción del conductor marcó la diferencia: detuvo la unidad, se acercó al menor y lo consoló, entendiendo la angustia del momento.
Lejos de limitarse a una disculpa, el chofer fue más allá. Le prometió al niño que al día siguiente le llevaría una pelota nueva. Y cumplió. A las 17:30, tal como había asegurado, apareció en la parada con un balón bajo el brazo. El niño, emocionado y feliz, recibió un regalo que significó mucho más que un simple objeto.
"Creo humildemente que estos son los grandes ejemplos que marcan a un niño y que seguramente, de adulto, copiará la actitud de este gran señor", expresó su abuela, quien quiso agradecer públicamente al conductor por su empatía y compromiso.
En tiempos donde las malas noticias suelen dominar la agenda, gestos como este recuerdan que la vocación de servicio, el respeto y la empatía siguen presentes en muchos trabajadores que, desde su lugar, también educan y construyen comunidad.
Un simple acto de humanidad se convirtió en una lección imborrable para un niño y en un ejemplo de servicio público que merece ser destacado. Días atrás, en la intersección de Ramón y Cajal y Prefectura, un chofer de la línea "B" de transporte público protagonizó un gesto que conmovió a vecinos de la zona.
Mientras un niño jugaba, su pelota se escapó hacia la calle y fue alcanzada por el colectivo, lo que provocó que el balón se pinchara. El hecho fue completamente fortuito, pero la reacción del conductor marcó la diferencia: detuvo la unidad, se acercó al menor y lo consoló, entendiendo la angustia del momento.
Lejos de limitarse a una disculpa, el chofer fue más allá. Le prometió al niño que al día siguiente le llevaría una pelota nueva. Y cumplió. A las 17:30, tal como había asegurado, apareció en la parada con un balón bajo el brazo. El niño, emocionado y feliz, recibió un regalo que significó mucho más que un simple objeto.
"Creo humildemente que estos son los grandes ejemplos que marcan a un niño y que seguramente, de adulto, copiará la actitud de este gran señor", expresó su abuela, quien quiso agradecer públicamente al conductor por su empatía y compromiso.
En tiempos donde las malas noticias suelen dominar la agenda, gestos como este recuerdan que la vocación de servicio, el respeto y la empatía siguen presentes en muchos trabajadores que, desde su lugar, también educan y construyen comunidad.



